Ejemplos de apóstrofe

16 febrero, 2012



El apóstrofe, según define la Real Academia Española (RAE) es una figura literaria que, en el marco de un discurso o narración, permite dirigir la palabra con vehemencia en segunda persona a personas, objetos inanimados o cosas abstractas sin importar si se encuentran presentes, ausentes o si han fallecido.

Esta herramienta, de acuerdo a los expertos que estudian las cuestiones lingüísticas, es muy utilizada en plegarias u oraciones, así como también en discursos de tinte político ya que, al provocar la sensación de que el orador se dirige a sí mismo, eleva el nivel de receptividad.

Antes de ofrecer ejemplos que permitan apreciar los apóstrofes, es necesario aclarar que, aunque apóstrofe y apóstrofo sólo varíen en una letra, estos términos no son sinónimos, razón por la cual no es correcto hablar de apóstrofe cuando se desea hacer referencia al signo de puntuación con forma de coma volada o comilla contemplado en el alfabeto latino.

Ya aclarado este asunto que suele confundir a más de un individuo, centremos la atención en casos concretos de apóstrofes:

“Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.” (Antonio Machado / “A un olmo seco”)

“¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime!
Pero no me lo digas; tus cantares
son, con el coro de tus varios mares,
una voz sola que cantando gime.” (Miguel de Unamuno / “¡Dime qué dices, mar!)